Quién soy
Soy Carmen G. Hernández. La G. no es mi primer apellido, sino mi segundo nombre. Una de esas tradiciones típicas-la de los nombres compuestos más inverosímiles- de donde soy: las Islas Canarias. Uno de los rasgos que me distinguen: el ser canaria. Llevo la mitad de mi vida fuera de mi tierra, pero mis vínculos siguen tan vivos como siempre.
Otra de las características casuales de la vida que me dan a conocer es mi orientación sexual, el ser lesbiana. Mi compromiso activista como lesbiana me ha llevado dar la cara, con mucho orgullo, ante la sociedad que me rodea. No por afán exhibicionista, sino porque si algo necesitamos las lesbianas es ser visibles. Yo he dado ese paso para contribuir a que los jóvenes LGTB y otras mujeres lesbianas lo tengan un poco mejor en su desarrollo pleno. Espero que haya servido de algo. Seguro que sí.
Fruto del activismo surge una idea de emprendimiento social: ALesWay. Un proyecto empresarial que ofrece ocio saludable para mujeres lesbianas y bisexuales y que fomenta el empoderamiento y la visibilidad lésbica y bisexual.
Soy periodista de formación, pero lo mío es la comunicación interpersonal. Mi pasión, lo que da sentido a muchos aspectos de mi vida. Adoro investigar, pensar, reflexionar sobre ese tema. Y también contribuir a la formación de las habilidades de comunicación de las personas a través de uno de nuestros proyectos, HabCom. Soy autónoma y co-creadora de una pequeña empresa, Adiffway, junto a una mujer que es mi esposa, mi socia y mi amiga, Lorena Navarro.
Me considero una persona muy creativa, empática, tenaz, espiritual, con hondos principios (el de la justicia me trae de calle) e incorregiblemente sincera. Pero para saber mejor cómo soy, lo más indicado es preguntar a quienes me conocen. Tengo claro qué busco en esta vida, y llevar a cabo esa búsqueda es el leif motiv de mi presente.
Adoro enseñar, comunicar, escribir, estar al aire libre, cocinar, ver baloncesto femenino, tocar el bajo, cantar, leer, reflexionar sobre todo aquello que me rodea, soñar con que otro mundo es posible y colaborar en lo que puedo para que así sea. Ese es mi pequeño asteroide, principito. Imperfecto, con sus briznas de dolor, como el de cualquiera, pero sembrado de felicidad.
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